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¿Brasil en la CARU?

Ope Pasquet

El gobierno uruguayo insiste con la idea de que Brasil se sume al monitoreo conjunto que Argentina quiere hacer en la planta de producción de pasta de celulosa que ayer perteneció a Botnia y hoy es de UPM.

Las informaciones de prensa provenientes de Argentina no son claras acerca de la actitud que adoptará ese país ante la propuesta uruguaya.

Desde Brasil se dice que el gobierno aún no ha recibido ningún planteamiento formal de sus similares rioplatenses.

Es posible, sin embargo, que las cancillerías hayan avanzado más de lo que la prensa informa. 

Para quien esto escribe, el tema de la eventual participación brasileña aparece envuelto en un manto de dudas.

Partimos de la base de que ni el Estatuto del río Uruguay de 1975, ni la sentencia de la Corte de La Haya del pasado 20 de abril, obligan a Uruguay a aceptar el monitoreo conjunto que Argentina pretende hacer en la  misma planta industrial. Si nuestro país decide acceder al planteamiento argentino, ambos Estados  platenses deberán suscribir nuevos acuerdos que prevean esas inspecciones “in situ”, con toda la precisión necesaria para evitar malos entendidos y nuevos desencuentros. Por supuesto, lo que valga para Uruguay valdrá también para Argentina; de manera que los mismos procedimientos que se empleen en la planta de Fray Bentos podrán emplearse, por ejemplo, en el Parque Industrial de Gualeguaychú.

¿Será en ese nuevo marco jurídico que aún está por crearse, que se le quiere dar cabida a Brasil?

Recordemos que Uruguay y Argentina están vinculados por el Estatuto del río Uruguay del año 1975, que creó la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). La CARU se integra con delegaciones de ambos gobiernos, en pie de igualdad (cada delegación tiene un voto). Si no hay acuerdo entre las dos delegaciones, es decir, entre los dos gobiernos, la CARU queda bloqueada. Ninguno de los dos Estados puede imponer su voluntad al otro. La historia de la CARU no es precisamente brillante, porque durante extensos lapsos su acción sufrió las consecuencias de las diferencias entre Argentina y Uruguay, que impidieron el funcionamiento eficaz de la Comisión. Pero por eso mismo, ninguno de los dos Estados  podría reprocharle a la CARU la más mínima lesión a su soberanía.

La situación podría cambiar, si Brasil entrara a formar parte de un acuerdo que hoy comprende sólo a Argentina y Uruguay. La CARU pasaría a tener tres miembros y el empate ya no sería un resultado posible.

¿Se transformaría Brasil en el árbitro de las diferencias entre Argentina y Uruguay?
Eso no sería bueno para ninguno de los Estados platenses, pero peor sería, para Uruguay, que Brasil actuase no como árbitro sino como socio de Argentina. Y eso es precisamente lo que cada uno dice que el otro es para él: su socio;  y más aún, su socio estratégico más importante.

No vale la  pena historiar las declaraciones de ministros argentinos y brasileños que dicen lo anterior.

Más elocuentes son los hechos.

Desde hace años, Uruguay y Paraguay se quejan –inútilmente- porque Brasil y Argentina han “bilateralizado” el MERCOSUR.  Los dos socios grandes se reúnen, acuerdan, y luego comunican a los demás lo que han resuelto.

Cuando se planteó, entre Uruguay y Argentina, la cuestión de las  plantas de celulosa, y los “asambleístas” de Gualeguaychú cortaron las rutas, nuestro país quiso llevar el asunto al MERCOSUR. Argentina no lo permitió, alegando que el diferendo era exclusivamente bilateral, y Brasil la apoyó. Lula no quiso contrariar a su socio estratégico más importante, sólo por amparar el derecho del pequeño Uruguay.

“Más claro, echarle agua”. Hace muchos años que la “doctrina del péndulo” –aquella según la cual cuando nos apretaba Argentina, buscábamos apoyo en Brasil, y viceversa- perdió vigencia. Hoy Argentina y Brasil  están juntos, por lo menos para enfrentar los reclamos uruguayos. Este es un hecho nuevo –en perspectiva histórica- en el horizonte internacional del Uruguay. Su importancia es tan evidente que no parece necesario subrayarla.

Lo que nos preguntamos es por qué, a la luz de estos antecedentes tan recientes y tan relevantes, el gobierno uruguayo pone tanto empeño en conseguir un árbitro brasileño para el siempre renovado clásico rioplatense.

Quizás la Cancillería maneje otras ideas y haya previsto la forma de levantar las objeciones expresadas.

Esperamos, como muchos uruguayos de todos los partidos, que el gobierno explique qué es lo que se propone hacer en este asunto tan importante y tan delicado.

 

Publicado hace un año por Administrador Vamos Uruguay



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