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VOLVERÉ

Pedro Bordaberry

“Si volviera a nacer …” escribía Jorge Luis Borges … “subiría más montañas, viajaría mas ligero de equipaje, tendría más problemas reales y menos imaginarios”.
He tenido suerte en la vida. El deporte primero, el trabajo después, me llevó a recorrer muchos lugares y rincones del planeta.
Me perdí una mañana en las calles de Hong Kong, entre los feriantes que ofrecían sus pescados vivos, mientras que de los balcones de cientos de apartamentos colgaba la ropa recién lavada de sus moradores.
Trepé a Table Mountain en Ciudad del Cabo, recorrí los viñedos del Valle del Paarl en Stellenbosch y dormí entre los rugidos de los leones del Parque Kruger en Sudáfrica.
Caminé con el agua por los tobillos por los atolones de las Maldivas, mientras las mareas cambiaban los tonos de azul del Mar Indico, frente a una isla desierta.
Me emocioné al descubrir de noche Champs Elysees y el Arco del Triunfo una primavera y disfruté sentándome en un Bar de Montmartre a ver pasar la gente, entre los artistas, luego de trepar hasta el Sacre Coeur de Paris.
Me mezclé con los locales en Cardiff, mientras cantaban viejas canciones galesas con una jarra de cerveza en las manos, pasé frío en las colinas y castillos de Edinburgo rodeado de escoceses en mangas de camisa.
Descubrí el Londres verdadero en el St. James Club, cerca de Trafalgar Square, donde aquilaté la real dimensión de la figura histórica de Lord Horacio Nelson. La misma que parece surgir de los viejos barcos anclados en los docks que rodean al Tamesis.
Comí tapas en las ramblas de Barcelona, mientras admiraba a Gaudí, recorrí los edificios antiguos de Zaragoza y llegué una tarde a Madrid para admirar sus avenidas, plazas y Alcalás.
Cené en Gino´s, en la 24 y Lexington, entre las luces de los rascacielos de Nueva York, caminé por el Soho y Central Park, escuché a los Gipsy Kings cantar en el Wolftrap de Washington, me senté en el escritorio que uso Hemingway en el Kansas City Star y contemplé los fuegos artificiales un 4 de Julio en Seward, Nebraska.
Crucé una mañana el Golden Gate en San Francisco, admiré el Sillicon Valley, Los Angeles y Miami, pero me cautivó Nueva Orleans, con su Bourbon Street llena de collares de colores luego del Mardi Gras, sus contrastes, su French Quartier y su Jazz.
Probé el Siri en varios balnearios de Santa Catarina, me sentí parte de la cultura gaúcha de Río Grande do Sur, trepé a la cordillera andina en Jujuy y me perdí entre chivos y ponchos de colores en las callecitas de tierra colorada de Purmamarca.
Me extasié ante los balcones de madera tallada de las casas de Salta, descubrí Cafayate, un pueblito perdido entre los valles de la precordillera andina, caminé en la nieve de Ushuaia y entre los árboles de Bariloche. Comí dorado en la rambla de Corrientes frente al Paraná, empanadas en Tucumán, asado frente a la estancia La Porteña en San Antonio de Areco y me encandilaron las luces del Gran Buenos Aires, esa ciudad maravillosa, mezcla de Paris y Montevideo.
Buceé en las Islas Fidji, entre corales y peces multicolores, admiré el museo maorí Te Nana en Wellington, Nueva Zelanda, la ciudad de los Huracanes. Me enamoré de Sydney, Australia, con su Opera, su Waterfront, Coogee Beach y sus bahías, pero sobre todo con la gente más amistosa que he encontrado.
No pude dormir con el cambio de horario en Tokio, mientras los japoneses, siempre tan respetuosos, hacían cola hasta para cruzar una esquina. Comí serpiente en un restaurant flotante en Kow Loon, China, y chocolate frente a Lac Leman en Ginebra.
El mundo tiene rincones fascinantes pero a mi el que más me gusta es el Uruguay.
Creo que el lugar más lindo es donde están nuestros afectos y recuerdos. Los míos están entre las piedras y cerros de Molles, Carlos Reyles, en el centro del país. Junto a un arroyito con unos cipreses calvos que mojan sus hojas en el espejo en el que se dibuja la luna y las estrellas. Con el recuerdo de otros tiempos, jóvenes, de guitarra, primos, primas, tía y hermanos, frente a un fuego.
Por eso es lindo esta semana volver a él y repetir que no hay lugar como el Uruguay.

Publicado hace un año por Administrador Vamos Uruguay


2 comentarios:


Hace un año wilson freddy agesta garay dijo...

Agrego a su reflexión....Soy fruto de los cerros
mi cuna fue de piedra... Ver más
y mi tumba sera tambien sin dudas
algun rincon soleado de la sierra
Naci,creci como el clavel del aire
prendido entre las grietas
de esas piedras pizarras de mi pago
de aquel bravo y arisco Lavalleja....
Minuano donde tu vayas
no te canses de decir
que si Dios baja a la tierra
por el altar de la sierra
baja en minas y en abril.....
EN HOMENAJE A UN GRANDE ,SANTIAGO CHALAR


Hace un año Silvia Dedalus dijo...

Dr. Bordaberry
Tengo entendido que el poema que refiere al inicio de la nota no responde a la autoría de Borges.
De todas formas lo felicito por haber recorrido tantos lugares y recalar siempre en su pago.
Atentamente
Silvia


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