AGRAVANDO
Pedro Bordaberry
El hecho me lo contó el otro día Diego Martínez. Ocurrió hace muchos años en un pueblito de Florida, uno de los tantos rincones del Uruguay llenos de historias, plazas, siestas largas y mucha conversación.
Esa noche el cine estaba lleno. Pasaban una de cowboys y en el momento culminante el “chico bueno” se enfrentaba al “malvado” a disparo de revolver. La tensión había capturado a los parroquianos concurrentes al cine que miraban en silencio el desenlace del film. El cowboy bueno, de sombrero blanco, descarga cinco balas contra el bandido de bigotes y sombrero negro. Le queda una sola bala, vuelve a disparar, ¡es la última!, hiere al bandido pero este se recupera y apunta con su pistola al héroe.
Don Olegario, vecino respetado que se encontraba sentado en la tercera fila del Cine, se levanta de su asiento, saca su revolver y descarga cinco balazos contra el villano que se proyectaba en la pantalla.
Nadie supo el final de la película porque entre humo de revolver, gritos de espanto y corridas se acabó la función.
No importó como terminaba el film puesto que nadie le sacaría a Don Olegario, de ahí en más, la condición de salvador del chico bueno.
Aunque todos sabían que la verdad era otra.
Hace algunos días el Ministerio de Trabajo impuso una solución al conflicto que enfrentaba una de las empresas más queridas y respetadas del país: Conaprole.
Parece ser, según las crónicas, que el problema comenzó con el despido de un trabajador por notoria mala conducta. El mismo fue acusado, junto con otros funcionarios y con cuatro choferes de las empresas que reparten los productos, de cometer maniobras de desfalco hacia la cooperativa. Se entregaba mercadería sin facturar e inspeccionar y luego se repartían los dividendos entre ellos. La cooperativa hizo la denuncia correspondiente y transcurrida una minuciosa investigación policial, se aclaró la maniobra. Se procesó con prisión a uno de los funcionarios de Conaprole y sin prisión a los cuatro choferes involucrados. A quien se despidió no se lo procesó por falta de pruebas. Su compañero, que si fue procesado, lo involucró ante la policía pero luego, ante el Juez, se desdijo. Conaprole, que incluso tenía filmada la actividad y la participación del funcionario en cuestión, optó por despedirlo por notoria mala conducta. A su juicio no cumplía con su tarea de fiscalizar los productos que se entregaban. Resulta obvio que el empleador tiene el derecho de despedir al funcionario por muchos motivos –de eso no hay duda– pero en este caso existía uno más que justificado.
En la mitad del conflicto llego el Ministerio e impuso que no se despidiera al trabajador hasta la primavera, dentro de cuatro meses.
Como Don Olegario, cree que solucionó el problema. Yo creo que no.
Publicado hace un año por Administrador Vamos Uruguay
Hace un año wilson freddy agesta garay dijo...
SON GENTE DE PALABRA......
COMO TE DIGO UNA COSA TE DIGO LA OTRA.
COMPROMISOS ASUMIDOS, DIGAMOS.
...VOS ME APOYAS, YO TE APOYO.....EL PODER COMPARTIDO,DIGAMOS
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