ESTRAFALARIO Y VERGONZOSO
Pedro Bordaberry
Ya mencioné en otras ocasiones mi admiración por la obra del británico George Orwell, Rebelión en la Granja (Animal Farm).
Este escritor realiza en su novela (una de las cien mejores según la Revista Times) una alegoría en la que un grupo de animales toman por la fuerza una Granja, echan a su dueño (el Sr. Jones) y comienzan a explotarla.
Los animales están dirigidos por dos cerdos, Snowball y Napoleón, que asumen el control de la misma con la promesa de que luego de la revolución todos serán iguales. Pero poco a poco las cosas cambian. Los cerdos que mandan empiezan a gozar de las prerrogativas que tenía el antiguo dueño de la granja en detrimento del resto de los animales a quiénes hacen trabajar cada vez más y le retribuyen menos.
Al comenzar la revolución se establecen varios mandamientos que un coro de ovejas repite una y otra vez. Entre ellos que no se puede caminar en dos patas sino en cuatro, que ningún animal dormirá en una cama y – el principal – que todos los animales son iguales.
Al leer la novela uno va viendo como dos elementos se van haciendo cada vez más intensos: el primero, que quienes están en el poder van cayendo en la tentación de gozar de aquellas cosas que criticaron (las comodidades del granjero, el caminar en dos patas, la mejor comida, el no esforzarse y cargar el trabajo a los demás). Lo segundo, como todo aquél que discrepa es inmediatamente catalogado como un enemigo y señalado públicamente como el causante de todos los malos. Quiénes están en el poder posan de víctimas de quiénes los critican y así persiguen a los que osan expresar que no están de acuerdo con ellos.
Los analistas literarios afirman que la novela de Orwell es una crítica al régimen de Stalin que en aquél entonces regía en la ex Unión Soviética.
La estrategia comunicacional estalinista era similar a la de la Alemania nazi. Joseph Goebbels, el macabro Ministro de Propaganda de Hitler, aplicaba los mismos conceptos: 1) la simplificación, que no era otra cosas que individualizar a un adversario como un enemigo común; 2) la exageración (lo que el otro decía era siempre algo grave); 3) la vulgarización; 4) la verosimilitud (no importa si lo que uno dice es verdadero sino que debe ser creíble), 5) la repetición.
Todo esto se basa en la lógica Schmittiana de considerar los conceptos de amigo y enemigo en un sentido concreto y no tolerar lo que él consideraba la debilidad liberal: la idea del consenso.
Esta semana que pasó expresé mi rechazo a una propuesta que hizo el Ministro de Turismo. Él expresó su voluntad de conformar una delegación multipartidaria, integrada por representantes de todos los Partidos políticos, de la cultura y del deporte, para viajar al Mundial de Fútbol a Sudáfrica.
La Senadora oficialista, Lucía Topolansky, lo rechazó expresando que sería “estrafalario” que el Parlamento pagara los pasajes. Yo expresé que esa propuesta era una “vergüenza” y adelanté que nuestro Partido no participaría de la misma.
Las reacciones no se hicieron esperar. La aplicación del concepto comunicacional de amigo-enemigo que reflejara Orwell en su novela y se aplicará en la ex Unión Soviética y en la Alemania de Hitler tampoco.
El Ministro de Turismo me pidió una retractación diciendo que lo había agredido, victimizándose. La Subsecretaria dijo que yo lo había atacado gratuitamente. El representante de un Partido menor expresó que se atacaba una idea de participación multipartidaria que era buena (incluso comparó la propuesta turístico deportiva ¡con la delegación que fue a La Haya a defender a Uruguay en el conflicto ante la Corte Internacional!). Un amanuense de un diario montevideano (que hace rato me ataca en sus columnas) expresó que al señalar yo mi discrepancia lo había hecho desde el punto de vista de la demagogia porque … ¡eso era lo que sentía la mayoría de la gente!
De pronto pasé de cuestionador de lo que consideraba una vergüenza y un abuso a cuestionado por cuestionar. Por considerar que el Estado no tenía que organizar (menos costear) un viaje de legisladores, ministros y políticos a un Mundial de fútbol se me dijo que era desleal, demagogo y que no podía hacerlo porque eso era lo que sentía la mayoría de la gente.
Fui al Diccionario y busqué el significado de la palabra Vergüenza: “acción que por indecorosa deja en mala opinión a aquel que la ejecuta”. Luego encontré la definición de la palabra Estrafalario que había utilizado la Senadora Topolansky para criticar la misma propuesta que yo critiqué: “que se hace o dice fuera del orden o forma de obrar debido, desaliñado.
Me pregunté porqué entonces todas las críticas fueron sobre mi persona y no sobre la Senadora oficialista que dijo cosas similares o aún más duras. La respuesta me la dio Benjamín, el burro de la Granja Animal de Orwell, cuando al final expresa que “todos los animales son iguales, pero algunos son mas iguales que otros”.
Publicado hace 2 meses por Administrador Vamos Uruguay
Hace 2 meses wilson freddy agesta garay dijo...
......TIRANOS TEMBLAD....
EL SENTIMIENTO DE LA GENTE DE ESTE GOBIERNO LE INVADE LA IMPOTENCIA DE YA NO TENER MAS EXCUSAS PARA TRATAR DE MANTENERSE EN EL PODER PORQUE SABEN QUE SE LES ESTA ACABANDO EL TIEMPO, LAS MENTIRAS SI TIENEN PATAS CORTAS.
LE ENTRO LA DESESPERACIÓN, CUANTO MAS ATAQUEN , MEJOR, NOS SOBRAN ARGUMENTOS PARA DESCALIFICAR EL CHANTAJE..
ARRIBA URUGUAY DESDE MI TIERRA¡¡.
FESTEJAMOS CON EL MISMO O MAS FUERTE SENTIMIENTO DESDE CUALQUIER RINCON DEL MUNDO¡¡¡¡
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